#Testimonio15 # ZIORTZA. SE DERRUMBÓ NUESTRO MUNDO.

By La amatxu de Ager - 12:50


- Bienvenida, Ziortza. Muy agradecida de que quieras compartir tu experiencia.
- Hola, Esther. 




- ¿En qué fecha murió tu hijo Aratz? ¿Cuál es la fecha en la que debería haber nacido?
- Aratz murió la noche del 22 al 23 de enero de 2019, y nació la noche del 23 al 24. La fecha prevista del parto era el 26 de enero de 2019.

- ¿Cómo fue el embarazo?
- El embarazo fue bien. Anteriormente había tenido un aborto estando de 6-7 semanas, por lo que al principio tuve algo de miedo. Pero a partir de la semana 12, todo perfecto, tanto física como emocionalmente.

- ¿Cuál fue el motivo de su fallecimiento?
- Murió estrangulado por su cordón umbilical. Tenía una vuelta de cordón muy prieta. Nos hicieron pruebas para descartar otros motivos (autopsia, análisis de placenta, trombofilias, pruebas de azúcar…), pero no se vio nada más.

- ¿Qué sentiste como amatxu que te alertase de que algo no iba correctamente?
- No sentí sus movimientos. Aquella noche, Ekiñe, nuestra hija mayor, tuvo algo de fiebre. Se despertó a la noche, y la metimos en nuestra cama. Estaba cerca de mí, y me dijo “Aratz no se mueve”. Yo le dije que estaba durmiendo y que ella también tenía que dormir. Me estuve fijando en si se movía, pero me quedé dormida. A la mañana siguiente hice todos los rituales posibles: me tumbé hacia un lado, hacia el otro, comí chocolate, cucharadas de azúcar… Pero no, no notaba sus movimientos.
Fuimos a Cruces y me pasaron enseguida a consulta. Me hicieron una ecografía y, en cuanto vi la cara de la ginecóloga, supe que algo no iba bien. Llamaron a mi marido, y ahí se derrumbó nuestro mundo.

- ¿Cómo fue el trato en el hospital? ¿Te informaron de todo correctamente?
- ¿Fue parto vaginal o cesárea? 
- ¿Te ofrecieron en el hospital verlo? ¿Decidiste hacerlo?
- En cuanto nos dieron la noticia, mi primera reacción fue decir “que me lo saquen cuanto antes y que se acabe ya”. Pero nos explicaron que tanto física como psicológicamente lo mejor era pasar por todo el proceso de parto, naturalizarlo lo máximo posible, tratar al bebé como persona y no como objeto, verlo, conocerlo, despedirnos… Hicimos caso a sus recomendaciones. ¡Y cómo lo agradezco!
En el hospital nos trataron muy bien. Nos informaron de todo y nos animaron mucho.
Nos llevaron a una sala de dilatación que estaba algo alejada, aunque oíamos cómo nacían otros bebés. Como ya estaba dilatada de 4 centímetros, el proceso no se alargó mucho. Me pusieron oxitocina y en unas horas me pasaron a la sala de partos. El expulsivo fue rápido y fácil. Aún recuerdo lo que dijo la matrona al ver a Aratz: “Es un niño precioso, perfecto”. Lo puso en mi regazo y tuve sentimientos muy encontrados: para mí estaba muy lejos de ser un niño perfecto, ¡le faltaba la vida!, pero sí que era precioso, se parecía a su hermana…
Después se lo llevaron, y la pediatra nos lo trajo un rato después, limpio, vestido… Estuvimos con él el rato que quisimos, le hablamos, lo arrullamos, sacamos alguna foto y nos despedimos como lo hubiésemos hecho con cualquier otro ser querido.
En planta, el trato me pareció algo más frío. Yo le estaba dando muchas vueltas al tema de la lactancia. Desde el principio pensé que la leche que podría producir le podría ser de gran ayuda a otros bebés. Pensé que donarlo al banco de leche podría dar sentido a todo esto que me estaba sucediendo, y así lo estuve diciendo continuamente, desde la sala de dilatación. 
En cuanto llegamos a la habitación tenía en la mesilla las pastillas para cortar la subida de leche, pero dije que de momento no me las tomaría. La verdad es que nadie me animaba a hacerlo, me decían que sería muy duro, que una vez de empezar ya no sería tan fácil cortarlo… pero lo que más me dolió fue la respuesta de la obstetra que vino a visitarme al día siguiente, que me dijo que eso no era más que una tontería. En fin, creo que no tuvo mucha empatía en general, y al final me quedé con ese detalle.
También quería añadir lo bien que me han tratado en mi centro de salud. Mi matrona me cuidó mucho. Además del seguimiento del posparto, me llamaba de vez en cuando para preguntarme cómo estaba, y me ayudó a resolver las dudas que me surgían cada vez que veía algún resultado de las pruebas que nos hicieron en mi carpeta de salud virtual.

- ¿Qué siente Ziortza al llegar a casa sin Aratz y ver sus cositas?
- La verdad es que no se me hizo muy duro recoger las cosas. Casi todo lo que teníamos preparado era heredado de su hermana o de primos y amigos, y no sentía que esa ropa le perteneciese todavía a Aratz. Creo que hubiese sido muy diferente si lo hubiese visto vestido con algún pijama, o si hubiese llegado a estrenar el cambiador, por ejemplo.

- ¿Estás en tratamiento psicológico? ¿en qué o quiénes te apoyas para sobrellevar el duelo? 
- ¿Acudes a grupos de duelo?
- Mi marido y yo tuvimos claro que teníamos que acudir donde algún profesional. Me hablaron de Iruña Arancibia, psicóloga perinatal en el centro Maya, y acudimos juntos a un par de sesiones. Pero tanto ella como nosotros teníamos la sensación de que habíamos asimilado bastante bien lo ocurrido, que estábamos en una fase de tristeza tranquila, pero que éramos capaces de sobrellevarlo sin ayuda psicológica.
Iruña nos habló del grupo de duelo del centro, pero no he acudido nunca. Sí participo virtualmente en el grupo de watsapp, pero por el trabajo, mi otra hija y que me pilla un poco lejos, todavía no he encontrado el momento de acudir personalmente.

- ¿Tienes más hijos o has tenido más tras la pérdida?
- Tengo una hija, Ekiñe, que acaba de cumplir 4 años (iba a cumplir 3 cuando murió Aratz) y ahora estoy embarazada de 4 meses. Está siendo un embarazo muy duro, lleno de miedos, pero valdrá la pena.
Ekiñe ha sido crucial para nuestra recuperación. Le contamos la verdad desde el principio, sin tabúes pero adaptándonos a lo que ella podría entender, y nos ha ayudado mucho. Por una parte, sentíamos que debíamos ir hacia delante por ella, y, por otro lado, gracias a ella, hemos conseguido que hablemos y sintamos a Aratz como otro miembro más de la familia. Plantamos un árbol en el jardín de casa (Ekiñe también tiene su árbol), hemos celebrado su cumpleaños con un ritual especial… creo que sin ella lo hubiésemos gestionado todo de otra manera.

- ¿Te sientes arropada en este gran mundo de soledad y vacío?
- La verdad es que sí. He recibido muy buen trato y muy buenas palabras por parte del personal sanitario (creo que otras familias no han tenido la misma suerte…). Además, nuestros familiares y amigos han estado a la altura de las circunstancias en todo momento: han sabido respetar y acompañar nuestros sentimientos.
En algún momento sí he sentido que había gente que evitaba el tema, pero intento pensar que se trata una situación muy violenta, que la gente no sabe cómo actuar, que no nos han enseñado a convivir con estas situaciones… muchas veces yo tampoco suelo saber cómo actuar en situaciones similares.

- Pregunta libre. ¿Qué te gustaría reivindicar o añadir?
- Me gustaría hacer una reivindicación y una autocrítica.
Empezaría reivindicando que nuestros hijos e hijas tuviesen el lugar que se merecen administrativamente (libro de familia, registro, etc.). Es un detalle que nos ayudaría mucho a las personas que sentimos que no se les tiene en cuenta. Queremos que la gente sea consciente de que fueron y siguen siendo muy importantes para alguien.
La autocrítica va unida al mismo tema. Un par de veces, cuando alguien me ha preguntado si tengo hijos, he omitido mencionar a Aratz. Me he sentido mal nada más responder, pero tampoco he querido tener que dar explicaciones a gente que no supone nada en mi vida. Me gustaría tener la valentía de contar nuestra historia cada vez que tenga ocasión.

- Muchas gracias, Esther, por visibilizar nuestras historias. No somos excepción, las estadísticas son abrumadoras, pero nunca nadie nos dijo que esto nos podría suceder. Tenemos la obligación de dar a conocer nuestra experiencia.
- Gracias a ti, Ziortza, por tu franqueza y sororidad.



  • ¡Quiero compartirlo!:

Quizá te interese

2 comentarios

  1. He llegado a esta página, buscando algo en que apoyarme. Estoy por cumplir 38 semanas de gestación, prontamente llegará mi hijo Sebastián, sabiendo desde la semana 18 que es inviable. Tuvimos la oportunidad de interrumpir legalmente el embarazo, la verdad, no fuímos capaces con mi marido. Así que seguimos hasta el final. Pronto me hospitalizaré, no nos queda mucho juntos.
    Esta historia me refleja mucho, a veces siento que trato de ocultar al resto su existencia, al principio me preguntaban y me hacía la loca, al responder cuantos hijos tenía, siempre decía dos, y no tres, a pesar que Sebastián crecia cada día. Me sentía culpable, pero me di cuenta que era mi mecanismo de defensa, de no tener que entrar a explicar a gente que no me importaba lo que estábamos viviendo. Era algo tan mio, tan nuestro con mi marido, que lo hemos llevado, lo más discreto posible. A estas alturas, de casi 38 semanas imposible ocultar, pero estamos en casa, resguardados por esta pandemia que nos aqueja.
    Reconozco que no he dejado de llorar, que ha sido una montaña rusa de emociones y de mucho miedo al enfrentar el momento de su llegada y despedida.
    Saludos desde el fin del mundo, desde Chile.
    Claudia, mamá de Sebastián, Trisonomía 18.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Claudia, mamá de Sebastián.

      En primer lugar, disculpa la tardanza en ver el mensaje. No había entrado en bastantes días.

      Me pareces terriblemente valiente por hacer lo que estáis haciendo, continuar con el embarazo a sabiendas de que tendrá ese desenlace. Me parece encomiable y totalmente respetuoso, quién podría juzgar la decisión de unos padres heridos.....

      No puedo decirte más que te envío toda mi fuerza y mi ánimo en este proceso tan complicado, en este embarazo agridulce, y pedirte que cuando acontezca todo y te veas con fuerzas, si así fuese, que cuentes conmigo para poder ayudarte en lo que esté en mi mano.

      Te aconsejo que busques una buena psicóloga perinatal que te guíe en este proceso y en el inminente también.

      Un abrazo muy muy grande.

      Eliminar