#Fragmento 16 # 30.01.2020# ESTE ES MI PEQUEÑO HOMENAJE.

By La amatxu de Ager - 10:16


Hoy, como cada 31 de cada mes, vengo a celebrar el cumplemes de Ager de la manera más atípica posible para una madre; en vez de con una fiesta, un globo o un abrazo, con unas palabras. Este es mi pequeño homenaje, el que me permito ineludiblemente, tal y como marca el calendario.




Creo que hoy me aventuraré a contar algo muy personal, quizá lo haya hecho ya, y en ese caso, espero me disculpéis. Es tanto el vaivén de emociones que no sé si mis pensamientos se repiten a lo largo del tiempo, los imagino o me los invento; supongo que esto irá unido a la ausencia, al duelo por la ausencia, mejor dicho. Siempre intento vaciarme y exponer lo que se siente conviviendo con el corazón incompleto, fragmentado y con un mordisco invisible que no se puede regenerar. Y suelo hacerlo en el momento actual, en el "ahora", pero en las fechas señaladas no puedo evitar coger unos prismáticos y buscar más lejos en aquel horizonte, cuando todo se derrumbó.

Si tuviera que listar los momentos más importantes desde ese fatídico día 30 de marzo cuando me encontraba mal y fuimos al hospital comenzaría por ese "lo siento, no hay latido"; seguido de un quirófano desangelado y frío; una habitación de reanimación con un reloj frente a mí, sin poder moverme y sola, que me limitaba a observar como quien ve llover. El silencio. El vacío. La nada. Un vientre con ausencia de movimientos, qué sensación tan extraña y desazonadora .....

Seguramente ya haya compartido todos estos instantes, que no por reducirlos en frases cortas significan espacios breves de tiempo, todo lo contrario. Y sin embargo, esta noche ha venido a mi mente y de forma intermitente una situación particular, el día que me dieron el alta del primer ingreso hospitalario. Me comunicaron que podía irme, y dentro del desgarro y la penuria lo único que quería era llegar a mi cama, intentar reencontrarme en mi espacio, a pesar del pavor del nido vacío.  Me aconsejaron ducharme con ayuda de mi marido, por si me desmayaba. Y cuando me desvestí, y me vi por primera vez en el espejo tras varios días sin querer hacerlo, me impactó ver tanta tristeza en los ojos, en esa cara demacrada, esas ojeras amoratadas de tanto sufrimiento, y que tan poco me importaban en realidad. Y al quitarme el sujetador mi pecho goteó, salió calostro. El silencio. El vacío. La  nada, nuevamente. Ese "oro líquido" que emanaba de mis pezones sin tener a quién dirigirlo.

No podía entender porqué, si me habían dado dos veces las pastillas para cortar la subida. No fue casualidad que en las dos habitaciones contiguas varios bebés emitían su llanto, y mi instinto de madre fue más fuerte que la química; las ganas de dar de mamar a mi niño luchaban contra todo lo ajeno. Digamos que esto es la grandiosidad de la naturaleza; la misma que quiso que mi placenta se desprendiera, obligando a mi bebé a no poder continuar con vida; esa que casi quita la mía. Diez meses después no puedo decir que la haya perdonado, pero al menos podemos convivir juntas. 

Diez meses sin poder escuchar tu llanto.

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